2 jul. 2016

VIVIRÉ - 2 DE JULIO AÑO 24 D.C.

Imagen de Carlos Fdez. sobre fotografía en Sevilla
Aunque nuestra generación entró más tarde en la era digital desde la infancia y sobre todo durante nuestra adolescencia estuvimos marcados por la música ya en calidad estéreo que inundaba nuestro tiempo de ocio. En uno de los primeros textos de este querido blog compartía que hay melodías, canciones, que forman parte de la banda sonora de nuestras vidas. Estas bandas sonoras vitales son fruto de una caduca mentalidad radiofónica y televisiva correspondiente al siglo XX en la actualidad superada por los virales tecnológicos y top trending de las redes sociales del siglo XXI. Son esos temas que desde aquella  infancia o adolescencia se asimilan e identifican en cuanto oímos las primeras notas. Nuestro Camarón tuvo el tan criticado acierto de acancionar el cante y romper la barrera de lo sectario acercándose a los no iniciados. Su carisma ayudó a que escuchando los primeros compases ya estemos “pensando Camarón, o mejor dicho, “sintiendo Camarón”. Eso despertó afición en aquellos que no fuimos educados en un entorno musical ni mucho menos procedemos de raíces flamencas. A mí eso me pasa cuando suenan los primeros acordes de Como el agua, o con  Entre dos aguas de Paco de Lucía cuyas notas básicas fueron las primeras que pulsé en una guitarra. De una forma no tan explícita pero mucho más íntima e interior es banda sonora vital la voz de José en las bulerías del Viviré. Siempre me ha encantado el contrapunto del tiempo ligero y festero de la música con la profundidad y tristeza de la letra que empieza con un azul limpio y dorado en melancólico contraste con la triste mañana de invierno. Por qué elegiría, quién le sugeriría, dónde leería o cómo conocería esos versos de Miguel Hernández que él dignifica y engrandece en su garganta haciéndolos preciosísimos, abisales, premonitorios:  
Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue, (…)
Sobre los muertos de Miguel Hernández

Dicen que a partir de una edad hay que releer lo ya leído para disfrutarlo con matices nuevos. Volver a escuchar lo ya escuchado es una fórmula distinta porque es un acto cotidiano. Cada vez que reproducimos un disco compacto o nos ponemos auriculares para oír un tema ya conocido en nuestro móvil  estamos releyendo la música. Esa relectura nos ofrece placeres nuevos, además, sentimientos  recuperados o recuerdos revividos. Bienvenidos sean a mi vida todos los “recuerdos Camarón” porque escuchando a Camarón, viendo a Camarón, hablando de Camarón o sintiendo Camarón podré haber sentido cierto dolor pero nunca habré tenido un mal recuerdo.
Camarón vive…Y viviré mientras el alma me suene.

Felicitas Ramírez  “La Cañailla de Chamberí”