2 jul. 2015

CAMARÓN EN LA VENTANA

Fotografía de bandera por Kiki
Las mañanas de invierno son muy tranquilas en algunos barrios de Madrid, sol tibio y poca gente. Si el barrio es antiguo se disfruta del paseo y sin prisas uno se permite ir mirando hacia arriba las fachadas de los viejos edificios. En ciertas zonas del centro de la ciudad las construcciones respetan la altura adecuada, las calles el ancho correcto y se convive con el tráfico justo como para sentirse un alma en paz en esa metrópoli, como en una casa de pueblo grande. Esos barrios que se han ido despojando de sus inquilinos castizos sin llegar a perderlos no están excesivamente poblados y siempre sorprenden con un rincón de sabor entrañable. Levantando la vista hacia las cristaleras de un segundo piso contemplamos desplegado el estandarte del icono de nuestro añorado Camarón en uno de los guiños de cualquier habitante de la ciudad. Quiero pensar que algún cañaílla hace alarde a quien pase por la calle de que en esa casa se siente Camarón, se escucha flamenco, se tocan las palmas y el pensamiento de sus moradores siempre retoma la ruta hacia el sur, el mar, el viento, el levante, el verano, la calor, los días largos de luz y todos los buenos momentos. No podemos saber cuánto tiempo estará este Camarón de Chamberí asomado a la ventana, ni conocer las razones que impulsaron a quien allí vive –o vivió- a exhibir la fotografía de mirada perdida de nuestro querido cantaor a los viandantes, ni cuáles fueron los motivos para elegirle precisamente a él, a Camarón, por encima de cualquier otro ídolo de la historia de la música. Pero sí podemos constatar el efecto de vecindad y hermanamiento que trasmite. Esta imagen desafiante al vecindario que pasará –o pasó- desapercibida a la mayor parte de los caminantes o residentes de aquella calle me acompañó al paso por la acera de enfrente buscándola con la mirada para sentir, “yo también”.
Cumplimos años, hay rachas buenas y rachas no tanto, a veces ganamos y a veces perdemos a quienes nos han querido; dedicamos fuerza a causas confusas y otras veces nos reconfortamos simplemente con la imagen expuesta en una ventana anónima. Alguien muy cercano me escribió una vez que la vida es “volver a empezar”, hay que poner un poco de alma en todos los comienzos de la misma manera que tenemos que cerrar el corazón a los finales en las despedidas, y sólo dos lágrimas.
La Cañailla de Chamberí
2 de julio